miércoles, 14 de diciembre de 2016

Una reunión familiar inusual

Por Gonzalo A. Luengo O.

La familia reunida. Diversos apellidos, tres siglos de distancia, pero sangre en común.

El 10 de diciembre de 2016 ocurrió una reunión familiar. No era una reunión familiar cualquiera con padres, hijos, tíos, primos y sobrinos, porque los parientes debían explicarse de una manera algo más compleja: tíos en cuarto grado, primos en sexto grado, tíos en quinto grado que a la vez son primos en sexto grado de sus sobrinos, etc. ¿Cómo sucedió? Acá les cuento brevemente la historia:

Hace diez años que voy a trabajar en el Centro de Historia Familiar Estaca Chillán, un lugar abierto a toda la gente que desee conocer más sobre sus raíces familiares y descubrir la historia de sus ancestros. En este lugar hay acceso a copias de libros de registro civil, parroquias y notarios de casi todo el mundo, hasta de los pueblos más pequeños. Pero también sucede algo especial: conoces a otra gente que también investiga y que va completando su árbol genealógico. Es así como me pasó un primer encuentro con un pariente lejano: doña Margarita Salazar. Ella iba igual que yo a este lugar. Y un día la oí hablar sobre algunos bisabuelos de ella. Tenían apellidos muy parecidos a los de mis tatarabuelos. Fue en ese instante cuando comparé mi árbol genealógico con el de ella y ahí lo descubrimos: ella era una tía en cuarto grado mía... unas tatarabuelas mías eran hermanas de una bisabuela de ella. Esto hizo darme cuenta de algo completamente normal: todos venimos de donde mismo.

El tiempo pasaba y más gente venía llegando a investigar sus raíces. Y así es como fui conociendo a más parientes lejanos. Lo más fantástico es cuando antes de saber que alguien era mi pariente, yo ya lo conocía como mi amigo. Porque esto me entusiasmó a investigar los árboles familiares de amigos y conocidos. ¡Tengo un amigo que es mi tío en noveno grado! Aquí ya no hay dudas ni conjeturas: podemos llegar a un tronco en común siempre que los documentos lo vayan permitiendo. Y en muchos casos ha sido así.

Así fue como desde hace tiempo pensaba en hacer una reunión con todos estos parientes lejanos y se pudo concretar con el apoyo del Centro de Historia Familiar Estaca Chillán. Yo llevé una torta donde hice que escribieran el nombre de unos de los antepasados que muchos tenemos en común. Y lo más genial: logré hacer un árbol genealógico muy grande con fotos de todos los que estamos involucrados en la investigación. Pero a la cita también llegaron sus hijos, primos más cercanos y padres. Después de trescientos años separados, ahí estábamos, un grupo de personas tan diverso juntos otra vez. Aunque creo que siempre lo estuvimos, pues por algo estamos en el mundo. Acá les dejo unas fotografías del encuentro:


Una de mis primas en cuarto grado observa el árbol genealógico junto a una sobrina en quinto grado.

La torta con el nombre del matrimonio del siglo XVIII del que venimos. Nuestra familia principalmente tenía soldados que ocuparon territorios de Bío-Bío y luego se dedicaron a la agricultura hasta la mitad del siglo XX.

Llevé parte de mi colección de cartas del siglo XIX (parte de mi colección de filatelia).

Gonzalo A. Luengo O.


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